¿Cómo termino contigo ahora que estamos tan bien?
Magadalena se quedó pensando. Su primera conclusión fue que su amiga estaba loca, luego se enredo con mil ideas al respecto sin poder llegar más que a esta conclusión no tan clara que nos deja al final.
El problema es la desigualdad, ¿Qué pasa cuando es cierto eso de "Yo te quiero más", es que acaso da lo mismo que uno esté más enamorado que el otro?¿Importa quién quiere más, aún cuando ambos son felices?. Lola, su amiga, dice que se siente bien con su novio, que lo quiere, que la hace reír y feliz casi siempre, el problema surgió cuando él propuso mudarse juntos y a ella le pareció simplemente ilógico. Fue entonces que Lola se dio cuenta que aunque amaba a Raúl no veía su futuro con él, como tampoco veía la necesidad de cambiar las cosas ahora que están bien.
Mi pregunta es la siguiente, ¿Que Lola no quiera cambiar las cosas y "avanzar" en la relación quiere decir que ella lo quiere menos? ¿Está mal que Lola no quiera dejarlo porque no quiere verlo sufrir y porque le gusta hacerlo feliz aún cuando no estaría dispuesta a casarse con él?
A Magdalena le pareció injusto, le dio pena y por último le provocó una gran incertidumbre. Se dijo que el amor debe ser como el mundo, todo tan exacto, todo funcionando como reloj, unos gramos más o unos gramos menos, un segundo más o uno menos cambia todo.
¿Qué hacer? ¿Dejamos todo? ¿Si no te quiero como quieres que te quiera ya no me quieres? ¿Tiene que ser todo tan exacto, tan medido? Si nuestro amor no es de la misma talla y tú me quieres más, estamos jodidos porque te pondrá triste que yo no me vea como la madre de tus hijos. Perdóname cariño, pero yo todavía no me imagino nuestra casa con el perro; de verdad, lo siento muchísimo pero no he pensado que haré los próximos diez años y si lo hice no se me ocurrió pensarlo en plural.
Thursday, September 03, 2009
Saturday, June 13, 2009
Remedio para locas
Cuando mi novio y yo empezamos a terminar (por más contradictorio que suene, fue progresivo el asunto), me di cuenta que éramos dos personas totalmente opuestas y que lo que en un momento me parecía bueno y me relajaba, de pronto me empezó a enervar sobremanera. Está de más decir que me irritaba cada 5 minutos y estaba totalmente a la defensiva en cada conversación.
Ahora bien, siempre he creído que estoy algo loca, es más algunas personas me lo han dicho en más de una oportunidad, pero cuando mi novio me entregó un libro y acto seguido me dijo: "Toma, esto es para que se te quite lo loca", creo que mi primera reacción fue ver qué diablos había puesto en mis manos. Y para sorpresa mía el libro en las pocas páginas que leí, me explicaba que yo venía de Venus y que mi novio...mi novio...era un marciano!!!
No soy crítico literario ni nada que se le parezca, pero ¿en qué demonios pensaba el autor de semejante desfachatez al tratar de explicar por qué los hombres y las mujeres somos diferentes? Es más, una explicación anatómica hubiese sido mucho más clara y aceptable que: "Las venusinas vivían felices, se escuchaban, se querían y necesiaban cariño. Los marcianos a través del telescopio vieron a estas venusinas y decidieron que irían a visitarlas. Pero oh! No hablaban el mismo idioma".
Demonios. Si tengo que leer eso para que se me quite lo loca, con mucho gusto me autoingresaré a un manicomio y viviré realmente feliz en mi histeria, en mi pequeña burbuja, esa que mi ya ex novio no entiende y que yo por el momento, no tengo ganas de compartir.
Friday, May 15, 2009
La madre que te parió
De acuerdo, encontraste pareja.
No fue fácil, y una vez que las cosas están encaminadas, salvo uno que otro tropiezo la cosa va en sus rieles... hasta que se empiezan a hacer necesarias ciertas relaciones que son inevitables, el círculo de amigos, la familia. Usualmente la manzana no cae lejos del árbol, así que si te llevas bien con él, tienes un porcentaje garantizado de que te llevarás bien con el resto de la tribu. ¿No?
El día que me tocó conocer a Papá y Mamá yo tenía a mi favor el factor sorpresa: se habían enterado de mi presencia (y de mi permanencia) una semana atrás. Siendo un lugar público y una actividad específica en la que todos estaban concentrados, yo veía desde lo alto (porque mi función en el espectáculo presentado era jugar a ser el dios de las luces) la inquietud de Mamá en ver dónde estaba, qué forma humana tenía el ser que pasaba los días con su retoño.
Cuando la cosa hubo terminado, confieso que fue necesario tomar un hondo respiro antes de salir de la guarida que me cobijaba y presentarme ante P. y M. como quien acaba de hacer su entrada en escena, que era casi literalmente lo que ocurría.
Los mitos de la suegra-dragón se me cayeron al instante cuando vi su sonrisa plena y en dos segundos me apachurraba en un abrazo que hacía tiempo nadie me daba. Allí comenzó una trilogía de conversaciones que se prolongaron a lo largo de tres meses en tres ocasiones diferentes, cambiándome la historia por completo y dejándome sin elementos con los cuales alimentar esa vasta mitología de brujas y dragones.
Me cogió del brazo y me pidió que le contara la historia completa de cómo había sido, de qué había pasado, de cómo me sentía después de un periplo tan largo; luego las bromas y comentarios graciosos pero siempre con una sonrisa franca, sin malicia ni una pizca de mala onda. Al final de la noche y después de una coca cola, me dio la bienvenida a su familia con la apertura que te dan ganas de aceptar.
¿Dónde está esa mujer monstruosa que se supone debería estar celosa de que yo me acueste con su primogénito? ¿dónde está ese ser de siete cabezas que debería de buscar hasta la oportunidad mínima para probar ante el mundo que no soy lo suficientemente buena para su piliolo? ¿dónde está ese amargo ser que me mira con reprobación cada vez que contradigo o corrijo a su hijo? ¿dónde está ese mutante meterete que me da consejos de cómo llevar mi casa sin que yo le solicite ni uno? ¿cuándo podré utilizar en las discusiones "la culpa de todo la tiene tu madre"?
La madre que lo parió no me da elementos para alimentar mi imaginación, ni mi espíritu pendenciero; no estimula mi encapsulamiento y me ha convertido en una auténtica sanguijuela de su afecto. Me simpatiza mucho porque es sencillo conversar con ella, porque tiene sentido del humor, porque es simpática y no porque sea la madre que lo parió, que usualmente parece ser una maldición como eso de ser un hijo de puta. Las putas también tendrán hijos que sean buenos, ¿no?
No fue fácil, y una vez que las cosas están encaminadas, salvo uno que otro tropiezo la cosa va en sus rieles... hasta que se empiezan a hacer necesarias ciertas relaciones que son inevitables, el círculo de amigos, la familia. Usualmente la manzana no cae lejos del árbol, así que si te llevas bien con él, tienes un porcentaje garantizado de que te llevarás bien con el resto de la tribu. ¿No?
El día que me tocó conocer a Papá y Mamá yo tenía a mi favor el factor sorpresa: se habían enterado de mi presencia (y de mi permanencia) una semana atrás. Siendo un lugar público y una actividad específica en la que todos estaban concentrados, yo veía desde lo alto (porque mi función en el espectáculo presentado era jugar a ser el dios de las luces) la inquietud de Mamá en ver dónde estaba, qué forma humana tenía el ser que pasaba los días con su retoño.
Cuando la cosa hubo terminado, confieso que fue necesario tomar un hondo respiro antes de salir de la guarida que me cobijaba y presentarme ante P. y M. como quien acaba de hacer su entrada en escena, que era casi literalmente lo que ocurría.
Los mitos de la suegra-dragón se me cayeron al instante cuando vi su sonrisa plena y en dos segundos me apachurraba en un abrazo que hacía tiempo nadie me daba. Allí comenzó una trilogía de conversaciones que se prolongaron a lo largo de tres meses en tres ocasiones diferentes, cambiándome la historia por completo y dejándome sin elementos con los cuales alimentar esa vasta mitología de brujas y dragones.
Me cogió del brazo y me pidió que le contara la historia completa de cómo había sido, de qué había pasado, de cómo me sentía después de un periplo tan largo; luego las bromas y comentarios graciosos pero siempre con una sonrisa franca, sin malicia ni una pizca de mala onda. Al final de la noche y después de una coca cola, me dio la bienvenida a su familia con la apertura que te dan ganas de aceptar.
¿Dónde está esa mujer monstruosa que se supone debería estar celosa de que yo me acueste con su primogénito? ¿dónde está ese ser de siete cabezas que debería de buscar hasta la oportunidad mínima para probar ante el mundo que no soy lo suficientemente buena para su piliolo? ¿dónde está ese amargo ser que me mira con reprobación cada vez que contradigo o corrijo a su hijo? ¿dónde está ese mutante meterete que me da consejos de cómo llevar mi casa sin que yo le solicite ni uno? ¿cuándo podré utilizar en las discusiones "la culpa de todo la tiene tu madre"?
La madre que lo parió no me da elementos para alimentar mi imaginación, ni mi espíritu pendenciero; no estimula mi encapsulamiento y me ha convertido en una auténtica sanguijuela de su afecto. Me simpatiza mucho porque es sencillo conversar con ella, porque tiene sentido del humor, porque es simpática y no porque sea la madre que lo parió, que usualmente parece ser una maldición como eso de ser un hijo de puta. Las putas también tendrán hijos que sean buenos, ¿no?
Sunday, April 12, 2009
En la variedad...
Un hombre le dice a una mujer: "He pasado por tu trabajo varias veces a la hora que terminas para ver si tengo suerte y te veo". El hombre puede ser:
a)Acosador y más vale encontrar la manera de escapar de él.
b)Demasiado pegajoso, pobrecito hay que decirle que se le quiere como amigo.
c)Simpático, a coquetearle un poco, para que halague más.
d)Encantador, habrá que confesarle que tú también estás pendiente de él.
La misma frase puede ser interpretada de distintas maneras dependiendo no tanto del sujeto que la dice por quién es sino por cómo actua. Hay de todo en este gran zoológico de Dios, estoy impresionada de lo mucho que puede cambiar una frase tan simple según la manera como es expresada. Este caso podría ser el ejemplo perfecto del tipo acosador que te hace reconsiderar tu orientación sexual, también podría ser el ejemplo del tipo simpático que sin hacer muchos avances logra que su frase sea una especie de halago. Y si se esmera podría ser el tipo encantador que toma cierta distancia de lo que dice no solo evitando que te sientas acorralada sino que hasta termines intrigada.
Me han ocurrido cosas como estas, mi respuestas han sido siempre distintas y aún trato de saber si fue la entonación, la gravedad de la voz, la mirada y no lo sé, quizás fueron todos estos factores los que hicieron que cambiase en cada ocasión. Pueden decirme que no sea tonta que simplemente eran dos personas distintas y yo digo que no. He pasado por las cuatro respuestas y no creo que haya sido tanta la diferencia entre los sujetos sino en la forma de transmitir el mensaje. Si el mismo hombre dijera esto de distintas maneras cambiaría la reacción del receptor. Si el hombre de mi ejemplo está muy ansioso, la mujer saldría corriendo asustada. Y es que como dicen los colombianos "El que muestra el hambre, no come". Si el hombre, lo comenta como quien comenta el clima tan bonito de hoy, con un poco de indiferencia podría parecer un poco loco y si lo cuenta con pudor, quizás con respeto, esta confesión puede ser recibida con todo y ovación del público.
Tal vez piensen que omití un pequeño gran detalle. Si es una mujer nuestro receptor estamos jodidos, porque puede pensar mil cosas y hacerse ideas, pues tengo que decir que para mi ejemplo pretendo que la mujer es una con dos dedos frente y sin mucho drama; que si existen hombres honestamente encantadores, hay mujeres bellamente simples.
a)Acosador y más vale encontrar la manera de escapar de él.
b)Demasiado pegajoso, pobrecito hay que decirle que se le quiere como amigo.
c)Simpático, a coquetearle un poco, para que halague más.
d)Encantador, habrá que confesarle que tú también estás pendiente de él.
La misma frase puede ser interpretada de distintas maneras dependiendo no tanto del sujeto que la dice por quién es sino por cómo actua. Hay de todo en este gran zoológico de Dios, estoy impresionada de lo mucho que puede cambiar una frase tan simple según la manera como es expresada. Este caso podría ser el ejemplo perfecto del tipo acosador que te hace reconsiderar tu orientación sexual, también podría ser el ejemplo del tipo simpático que sin hacer muchos avances logra que su frase sea una especie de halago. Y si se esmera podría ser el tipo encantador que toma cierta distancia de lo que dice no solo evitando que te sientas acorralada sino que hasta termines intrigada.
Me han ocurrido cosas como estas, mi respuestas han sido siempre distintas y aún trato de saber si fue la entonación, la gravedad de la voz, la mirada y no lo sé, quizás fueron todos estos factores los que hicieron que cambiase en cada ocasión. Pueden decirme que no sea tonta que simplemente eran dos personas distintas y yo digo que no. He pasado por las cuatro respuestas y no creo que haya sido tanta la diferencia entre los sujetos sino en la forma de transmitir el mensaje. Si el mismo hombre dijera esto de distintas maneras cambiaría la reacción del receptor. Si el hombre de mi ejemplo está muy ansioso, la mujer saldría corriendo asustada. Y es que como dicen los colombianos "El que muestra el hambre, no come". Si el hombre, lo comenta como quien comenta el clima tan bonito de hoy, con un poco de indiferencia podría parecer un poco loco y si lo cuenta con pudor, quizás con respeto, esta confesión puede ser recibida con todo y ovación del público.
Tal vez piensen que omití un pequeño gran detalle. Si es una mujer nuestro receptor estamos jodidos, porque puede pensar mil cosas y hacerse ideas, pues tengo que decir que para mi ejemplo pretendo que la mujer es una con dos dedos frente y sin mucho drama; que si existen hombres honestamente encantadores, hay mujeres bellamente simples.
Thursday, March 12, 2009
Prontitud
Y como quien no quiere la cosa, pasaron los años.
Mientras uno está en esa sala de espera, se muere de ganas porque el tiempo pase insanamente pronto; piensa que todo está muy lejos, que tendrán que pasar siglos, que uno se olvidará, que la vida no continuará, que el sufrimiento (por llamarlo de alguna manera) se prolongará por un tiempo insoportablemente indefinido.
Y entonces llega el momento. Y te sientes desprevenido.
De pronto ves que estás mudando tus cosas, de pronto ves que cada uno se deshace de una parte de su pasado para hacerle un lugar al presente compartido. Y de pronto estás en reuniones de amigos que se hacen comunes, de pronto te vuelves anfitrión de la familia (ahora eres como el árbol, ya no una rama); de pronto hace falta organizarse -y muy en serio- para que las cosas marchen, para retornar las pelis, para que se aprovechen las frutas, para que la cocina esté limpia, para llevar a la gata al veterinario.
Y te das cuenta de que cada día absorbes una masiva cantidad de información, y te sientes satisfecho; y por momentos también te rayas porque hace poco tiempo no pensabas (sí pensabas, pero el cálculo no era tan preciso) que estarías en esta situación. Y te sientes con mucha suerte porque hace nada, hace poco; eras un gato vagabundo más que no esperaba ya nada por resignación o por cinismo, y ahora estás con el paquete completo.
Mientras uno está en esa sala de espera, se muere de ganas porque el tiempo pase insanamente pronto; piensa que todo está muy lejos, que tendrán que pasar siglos, que uno se olvidará, que la vida no continuará, que el sufrimiento (por llamarlo de alguna manera) se prolongará por un tiempo insoportablemente indefinido.
Y entonces llega el momento. Y te sientes desprevenido.
De pronto ves que estás mudando tus cosas, de pronto ves que cada uno se deshace de una parte de su pasado para hacerle un lugar al presente compartido. Y de pronto estás en reuniones de amigos que se hacen comunes, de pronto te vuelves anfitrión de la familia (ahora eres como el árbol, ya no una rama); de pronto hace falta organizarse -y muy en serio- para que las cosas marchen, para retornar las pelis, para que se aprovechen las frutas, para que la cocina esté limpia, para llevar a la gata al veterinario.
Y te das cuenta de que cada día absorbes una masiva cantidad de información, y te sientes satisfecho; y por momentos también te rayas porque hace poco tiempo no pensabas (sí pensabas, pero el cálculo no era tan preciso) que estarías en esta situación. Y te sientes con mucha suerte porque hace nada, hace poco; eras un gato vagabundo más que no esperaba ya nada por resignación o por cinismo, y ahora estás con el paquete completo.
Friday, February 06, 2009
Sopa de pollo para el alma de la mujer separada
En vista que esos autores comerciales escriben sobre sopa y chocolate caliente para el alma, decidí creerles y probé diversas infusiones para quitarme esta extraña sensación de vacío. Pero ni el café, ni el mate ni mucho menos el bendito chocolate me ayudaron a sentirme mejor conmigo misma. Despreocùpense los lectores, no soy un caso suicida ni mujer panelista de talk show barato. No morirè porque me falta el novio ni amaneceré con ganas de dejar de respirar. Es sólo que eso de ser consecuente nunca fue mi fuerte.
Y es que puedes decir lo que piensas y terminar tu relación. Puedes mantenerte firme y tener convicción de que nada cambiará. Pero de vez en cuando a uno le asaltan las dudas y te preguntas si no cometiste un error. Por momentos, quiero jugar a que las cosas funcionan, pretender que todo sigue igual y que hay solución. Pero no es así. Porque esta vez, aunque la determinación no es mi aliada; al parecer es la de él. Dijo o todo o nada, no hay puntos medios...y a mí siempre me gustó jugar en el centro. O blanco o negro...y yo siempre he tendido a ser gris.
Supongo que nos llegó la hora. Y aunque me sea atribuíble el rompimiento, quiero seguir siendo inconsecuente y ya no se puede, porque al fin y al cabo; él tiene razón y eso de hacerse daño de manera indirecta es peor. Ahora, expuesto el problema...qué sustancia tibia me recomiendan?
Probaré con hierbaluisa y otras pócimas...
Ojalá hagan efecto.
Thursday, December 25, 2008
Cómo no ser puta y no morir en el intento
Es cierto que este blog trata principalmente de (des)amores, tambíen es cierto que a veces nos desviamos un poquito para contar historias sin amor de hombres y mujeres insensatos. Pues esta entrada será una de estas veces en las que por no hacer algo productivo uno termina pensando en todo y en nada.
Ser mujer es complejo, los hombres no nos entienden y nosotras... tampoco. En la oscuridad de nuestras mentes hay caminos trazados, esquemas que se repiten, es decir, toda una serie de errores que cometemos consciente e inconscientemente. No puedo extenderme sobre el hecho de ser mujer porque sería emprender un viaje al fin del mundo de ida y vuelta, sólo tomaré un pedacito del pastel.
En la búsqueda del hombre ideal que todas hacemos sin cansancio, unas con más ímpetu que otras, nos tropezamos, nos revolcamos y nos topamos con diferentes clases de hombres. En otras palabras vamos a besar muchos sapos antes de encontrar al príncipe azul, he ahí el problema. La princesa besó a un solo sapo, no andaba besando cuanto sapo se le cruzara en el camino, si lo hubiese hecho la hubieran considerado una fácil.
Si un hombre y una mujer se conocen en un bar y esa misma noche se acuestan, él es un hombre soltero regular, ella sería una mujer liberal si nadie se entera y un poco puta si lo saben sus conocidos. Si este evento se repite varias veces en un año ya no es un poco puta sino puta a secas.
No es necesario dejar de besar sapos para evitar la etiqueta, no se trata de serlo o no, después de todo una puta de profesión es alguien que tiene huevos, no creo que sea un trabajo fácil y Dios debe saber que es necesario; se trata de no engañar ni utilizar a otra persona. Yo creo que lo primero es no sentirse puta, es decir no sentirse culpable por cada aventura que tienes, claro que tampoco se trata de atacar a diestra y sieniestra a cuánto hombre se te cruce en el camino.
Yo creo que se trata de ser sútil y discreta, pero sobretodo se trata de ser honesta. No te hace puta acostarte con alguien( a menos que te paguen) , no te hace puta besar a alguien, no te hace puta que alguien te lo diga, te hace puta jugar con las personas y tildar de puta a tu vecina.
Ser mujer es complejo, los hombres no nos entienden y nosotras... tampoco. En la oscuridad de nuestras mentes hay caminos trazados, esquemas que se repiten, es decir, toda una serie de errores que cometemos consciente e inconscientemente. No puedo extenderme sobre el hecho de ser mujer porque sería emprender un viaje al fin del mundo de ida y vuelta, sólo tomaré un pedacito del pastel.
En la búsqueda del hombre ideal que todas hacemos sin cansancio, unas con más ímpetu que otras, nos tropezamos, nos revolcamos y nos topamos con diferentes clases de hombres. En otras palabras vamos a besar muchos sapos antes de encontrar al príncipe azul, he ahí el problema. La princesa besó a un solo sapo, no andaba besando cuanto sapo se le cruzara en el camino, si lo hubiese hecho la hubieran considerado una fácil.
Si un hombre y una mujer se conocen en un bar y esa misma noche se acuestan, él es un hombre soltero regular, ella sería una mujer liberal si nadie se entera y un poco puta si lo saben sus conocidos. Si este evento se repite varias veces en un año ya no es un poco puta sino puta a secas.
No es necesario dejar de besar sapos para evitar la etiqueta, no se trata de serlo o no, después de todo una puta de profesión es alguien que tiene huevos, no creo que sea un trabajo fácil y Dios debe saber que es necesario; se trata de no engañar ni utilizar a otra persona. Yo creo que lo primero es no sentirse puta, es decir no sentirse culpable por cada aventura que tienes, claro que tampoco se trata de atacar a diestra y sieniestra a cuánto hombre se te cruce en el camino.
Yo creo que se trata de ser sútil y discreta, pero sobretodo se trata de ser honesta. No te hace puta acostarte con alguien( a menos que te paguen) , no te hace puta besar a alguien, no te hace puta que alguien te lo diga, te hace puta jugar con las personas y tildar de puta a tu vecina.
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