Y de pronto llegó el día
en que me encontré
arañando las paredes...
en que me encontré
arañando las paredes...
Uno puede encontrarse poco lúcido en algunas ocasiones debido a distintas razones; el cansancio, el estrés, la falta de sueño, la preocupación incluso innecesaria, constituyen las razones más comunes entre los individuos promedio cuando de andar nublado se trata.
De un tiempo a esta parte, sin embargo, fui notando cómo había pequeños escapes en el quehacer cotidiano en los que sencillamente me iba abstrayendo completamente de la realidad y cada vez esos momentos fueron prolongándose hasta llegar a un par de horas en que verdaderamente me desentendía por completo de lo que estaba viendo y escuchando.
De naturaleza normalmente despistada (pero con alta capacidad de concentración en algo específico), me sorprendió esa nueva tendencia a divagar y me di cuenta que estaba llegando al cénit de la tolerancia física a la falta de sexo.
Somos una gran masa de agua y hormonas. Claro, también tenemos otras cosas, muchas otras, pero para efectos prácticos y didácticos -que sirvan para la explicación del fenómeno puerco araña- nuestro cuerpo funciona con sustancias que van siendo segregadas a lo largo del día dependiendo de las actividades que realicemos y de las temporadas en las que nos encontremos, ya que nosotros mismos somos un gran ciclo andante.
A su vez, la forma como experimentamos lo cotidiano depende mucho de los ojos con que vemos las cosas y de la disposición que tenemos para sentirlas, en suma, de los estímulos internos y externos en medio del acontecer diario.
Paulatinamente va ocurriendo la transformación, no es que una se acueste mujer y se despierte puerco araña, como todo ciclo, el proceso es discreto; y de pronto no va analizando el por qué empiezan a aumentar las bromas cotidianas en torno al sexo, el por qué se va escabullendo en algunas preguntas, enfoques o comentarios, en por qué empieza a comprender las cosas en otro sentido, en por qué empieza a tener alucinaciones un poco más extrañas y frecuentes que las usuales (alucinaciones porque son segmentos de fantasías); y así es como un día sales de tu casa, y la concentración está en cero desde el inicio, estás en una combinación entre dopado y angustiado -desconozco la definición psicológica del tema- y todo el día estás con tics extraños, inquietud que se manifiesta corporalmente sobre todo con las piernas hasta que al final lo aceptas, estás necesitado, estás al borde del colapso físico, la palabra sexo viene en mayúsculas y negritas y subrayada inmensa con una luz de neón sobre la cabeza y una flecha flotante señalando en esa dirección. Te cogió el síndrome del puerco araña y allí estás, a punto de quitarle la pintura a la pared por la que empezaste a caminar.
Señores lectores de este blog: las mujeres también tenemos ganas. Y cuando nos falta, queremos, necesitamos.
Existe un extraño mito, supongo de origen machista, que señala que en los hombres es una necesidad natural, que siempre están pensando en sexo.
¿Disculpen?
A mí nadie me informó que tenía que ser hombre para tener un aprecio más que ocasional del sexo, a mí, Eva María, me gusta mucho el sexo, tanto como el café o el chocolate y creo que este rollo del género no es más que un pobre y triste mito.
Ahora, tampoco es que sea el sexo por el sexo y punto; quizás allí radique la diferencia entre algunas formas -no sé si de género, más bien diría de personas- de tomarse el tema, que bien puede ser visto deportivamente.
Al ser objeto de ciertas sugerencias por parte de gente muy cercana -v.g. hacer justicia con las propias manos- confesé que aún tratando de hacer honor al adagio "en la repetición está el gusto" y habiendo hecho uso -y a veces abuso- de dicho recurso, soluciona el problema a la mitad, ya que el sexo es más que una cacería de orgasmos, hay mucho placer en el experimentar con otro cuerpo, las sensaciones son más ricas al combinar ideas, movimientos, sustancias, ritmos; es como hacer música!
Y el puerco araña nada más toca el bombo de la batería, por más fuerte, entusiasta o frecuente que toque, lo único que hace es marcar tiempos; no es como ponerse a tocar la batería completa y acompañarla con una buena guitarra.
Tampoco es esta una apología moralizadora a buscar al amor de la vida del puerco en cuestión, seguro allí las partituras cuadran mejor; pero sin duda alguna también puede apelarse al jammin', que no tiene nada de malo. Sin embargo, a lo que en verdad me refiero es a la experiencia completa como humanos, eso no tiene comparación ni competencia alguna.
De un tiempo a esta parte, sin embargo, fui notando cómo había pequeños escapes en el quehacer cotidiano en los que sencillamente me iba abstrayendo completamente de la realidad y cada vez esos momentos fueron prolongándose hasta llegar a un par de horas en que verdaderamente me desentendía por completo de lo que estaba viendo y escuchando.
De naturaleza normalmente despistada (pero con alta capacidad de concentración en algo específico), me sorprendió esa nueva tendencia a divagar y me di cuenta que estaba llegando al cénit de la tolerancia física a la falta de sexo.
Somos una gran masa de agua y hormonas. Claro, también tenemos otras cosas, muchas otras, pero para efectos prácticos y didácticos -que sirvan para la explicación del fenómeno puerco araña- nuestro cuerpo funciona con sustancias que van siendo segregadas a lo largo del día dependiendo de las actividades que realicemos y de las temporadas en las que nos encontremos, ya que nosotros mismos somos un gran ciclo andante.
A su vez, la forma como experimentamos lo cotidiano depende mucho de los ojos con que vemos las cosas y de la disposición que tenemos para sentirlas, en suma, de los estímulos internos y externos en medio del acontecer diario.
Paulatinamente va ocurriendo la transformación, no es que una se acueste mujer y se despierte puerco araña, como todo ciclo, el proceso es discreto; y de pronto no va analizando el por qué empiezan a aumentar las bromas cotidianas en torno al sexo, el por qué se va escabullendo en algunas preguntas, enfoques o comentarios, en por qué empieza a comprender las cosas en otro sentido, en por qué empieza a tener alucinaciones un poco más extrañas y frecuentes que las usuales (alucinaciones porque son segmentos de fantasías); y así es como un día sales de tu casa, y la concentración está en cero desde el inicio, estás en una combinación entre dopado y angustiado -desconozco la definición psicológica del tema- y todo el día estás con tics extraños, inquietud que se manifiesta corporalmente sobre todo con las piernas hasta que al final lo aceptas, estás necesitado, estás al borde del colapso físico, la palabra sexo viene en mayúsculas y negritas y subrayada inmensa con una luz de neón sobre la cabeza y una flecha flotante señalando en esa dirección. Te cogió el síndrome del puerco araña y allí estás, a punto de quitarle la pintura a la pared por la que empezaste a caminar.
Señores lectores de este blog: las mujeres también tenemos ganas. Y cuando nos falta, queremos, necesitamos.
Existe un extraño mito, supongo de origen machista, que señala que en los hombres es una necesidad natural, que siempre están pensando en sexo.
¿Disculpen?
A mí nadie me informó que tenía que ser hombre para tener un aprecio más que ocasional del sexo, a mí, Eva María, me gusta mucho el sexo, tanto como el café o el chocolate y creo que este rollo del género no es más que un pobre y triste mito.
Ahora, tampoco es que sea el sexo por el sexo y punto; quizás allí radique la diferencia entre algunas formas -no sé si de género, más bien diría de personas- de tomarse el tema, que bien puede ser visto deportivamente.
Al ser objeto de ciertas sugerencias por parte de gente muy cercana -v.g. hacer justicia con las propias manos- confesé que aún tratando de hacer honor al adagio "en la repetición está el gusto" y habiendo hecho uso -y a veces abuso- de dicho recurso, soluciona el problema a la mitad, ya que el sexo es más que una cacería de orgasmos, hay mucho placer en el experimentar con otro cuerpo, las sensaciones son más ricas al combinar ideas, movimientos, sustancias, ritmos; es como hacer música!
Y el puerco araña nada más toca el bombo de la batería, por más fuerte, entusiasta o frecuente que toque, lo único que hace es marcar tiempos; no es como ponerse a tocar la batería completa y acompañarla con una buena guitarra.
Tampoco es esta una apología moralizadora a buscar al amor de la vida del puerco en cuestión, seguro allí las partituras cuadran mejor; pero sin duda alguna también puede apelarse al jammin', que no tiene nada de malo. Sin embargo, a lo que en verdad me refiero es a la experiencia completa como humanos, eso no tiene comparación ni competencia alguna.
Apéndice.
Si el puerco araña no quiere aplicar al jammin', hay varias opciones. Ninguna soluciona el buscar la armonía de las partituras, eso se da o no se da. Si no se da, caballero. Si se da pero por alguna razón no se puede, aguantarse y sublimar.
Las mejores acciones, las que lleven al cuerpo a producir endorfinas y sentirse en contacto con humano con uno mismo, ser consciente de la corporalidad y trabajarla.
Si el puerco araña no quiere aplicar al jammin', hay varias opciones. Ninguna soluciona el buscar la armonía de las partituras, eso se da o no se da. Si no se da, caballero. Si se da pero por alguna razón no se puede, aguantarse y sublimar.
Las mejores acciones, las que lleven al cuerpo a producir endorfinas y sentirse en contacto con humano con uno mismo, ser consciente de la corporalidad y trabajarla.
