dels dies sense tu
Probablemente decidí mantener en silencio esta cuestión hasta que viera la posibilidad de reclamar. De preguntar por qué una vez más, de reconocer que no sé cómo pasar por esta.
Procuro ser razonable, siempre he confiado más en las personas que tienen la posibilidad de respirar y no decir o hacer sandeces por la ofuscación del momento. Y así y todo, nunca jamás podría pasar mis días o mis horas (demasiadas) con grandes cuadriculados.
Como siempre, está el punto medio como el arquetipo de lo que todo el mundo quiere.
Y me sorprendo dándole vueltas una vez más, me veo aquí sentada con una suerte de infinita tristeza, y llevo días así, desde que se han presentado acontecimientos menos extraordinarios en mi vida y estoy empezando a regresar al tren normal, al que a estas alturas percibo lejano.
He regresado a la habitación, me he enfrentado con la oscuridad a solas y finalmente rompí a llorar. Estoy triste, y arrastro ese nudo en la garganta día a día.
Ese nudo, sin embargo, no es angustia. No es de dar vueltas sin hallar una salida, porque no es una línea con principio, medio y salida; no hay fórmula química esperando un resultado. Es más bien como un tiempo en suspensión, es como si fuera una partícula nadando en una mezcla viscosa en donde el día a día se va haciendo a sí mismo, donde cada paso es una lucha, donde cada respiro es consciente del aire que entra.
Supongo que sería válido decir que la tristeza que experimento yo, Eva María, es una de corte saludable, pero su naturaleza es como la de un resfriado, no hay pastilla que la cure y cualquier cosa que pueda ingerirse resulta un mero paliativo porque en su esencia es la misma cosa, viene y va cuando tiene que hacerlo.
Procuro ser razonable, siempre he confiado más en las personas que tienen la posibilidad de respirar y no decir o hacer sandeces por la ofuscación del momento. Y así y todo, nunca jamás podría pasar mis días o mis horas (demasiadas) con grandes cuadriculados.
Como siempre, está el punto medio como el arquetipo de lo que todo el mundo quiere.
Y me sorprendo dándole vueltas una vez más, me veo aquí sentada con una suerte de infinita tristeza, y llevo días así, desde que se han presentado acontecimientos menos extraordinarios en mi vida y estoy empezando a regresar al tren normal, al que a estas alturas percibo lejano.
He regresado a la habitación, me he enfrentado con la oscuridad a solas y finalmente rompí a llorar. Estoy triste, y arrastro ese nudo en la garganta día a día.
Ese nudo, sin embargo, no es angustia. No es de dar vueltas sin hallar una salida, porque no es una línea con principio, medio y salida; no hay fórmula química esperando un resultado. Es más bien como un tiempo en suspensión, es como si fuera una partícula nadando en una mezcla viscosa en donde el día a día se va haciendo a sí mismo, donde cada paso es una lucha, donde cada respiro es consciente del aire que entra.
Supongo que sería válido decir que la tristeza que experimento yo, Eva María, es una de corte saludable, pero su naturaleza es como la de un resfriado, no hay pastilla que la cure y cualquier cosa que pueda ingerirse resulta un mero paliativo porque en su esencia es la misma cosa, viene y va cuando tiene que hacerlo.

1 comments:
Ahí estaba! Yo me preguntaba y me preocupaba por su paradero pero la tienes tú. Tú querida mía, la tristeza te ha ido a visitar, que no te suene a melancolía pero ella y yo nos vemos un rato cada día. Ponla en su sitio y verás que se porta bien, no es mala, la tengo amaestrada.
Post a Comment