Sunday, July 06, 2008

Sin ciudad ni sexo

Desde hace como dos meses me dijo una amiga: tenemos que ir al estreno de la película, nos vamos en vestido con zapatitos al cine bar y mientras vemos la peli, nos tomamos unos cosmopolitan. Meses antes, ella había sido capturada por el efecto Sex and the City.
Sex and the City. Hasta me cuesta escribirlo. Me siento como parte de ese maremagnum de gente que ha dedicado páginas de los diarios, especiales de revistas, televisión, y hordas de féminas corriendo tras cada noticia, cada minucia, cada indicio que se descubra acerca de la película antes del bendito y aclamado estreno.
Yo no he visto más de tres capítulos, e incluso dudo que haya visto alguno completo, dado que siempre ha sido mi segundo plato, o el tercero en medio de esa actividad perisodactilar llamada zapping. Eso tampoco me hace contraria a toda esta onda y ser una aguafiestas porque crea sinceramente que son (¿cómo decía el Somos de El Comercio?)... voces femeninas de los creadores gays con situaciones gay y con masculinidad en toda la onda, disfrazado todo con Guccis y Dolces en mujeres neoyorquinas.
No llego a una opinión tan formada sobre el tema.
Ni he visto lo suficiente para analizar o hacerme una idea, ni tampoco es que tenga un interés genuino en saber qué ocurrirá con el cuarteto; lo que provoca esto que escribo aquí es el efecto que esto ha tenido entre las mujeres. Al menos el que yo percibo entre las que yo conozco o veo.
Uno puede encontrarse con una femme fatale y saberlo desde el preciso instante en que se percibe el aroma de su perfume, se le ven los gestos, su modo de caminar, de ver al resto, de ordenar un café. Se huele, se percibe, se respeta y hasta se admira. Una mujer que sabe lo que es, lo que vale y que no solamente se lo apechuga, sino que además lo sabe transmitir al resto del universo.
Lo que ha generado el éxito de esta serie es una multiplicidad de clones truchos de este ideal, en primer lugar, porque se ha interpretado que el ser abierta, conversar de sexo, de relaciones, de diversión debe ser traducido en un comportamiento de mujer fatal; y eso, señoras, creo que es mirar parcialmente lo que la serie puede estar transmitiendo, además creer que antes de Carrie y sus amigas las mujeres no hablaban de esos temas ni se preocupaban de ellos o tenían mucha vergüenza en exteriorizarlos.
Que yo sepa, las mujeres podemos tener como conjunto una cantidad inmensa de rarezas, pero el contar todo con detalles (o sea no solamente cómo, qué tal, sino por qué -que es importantísimo- dónde, cuándo y agregar las hipótesis de lo que podría ocurrir si a, si b, si c o si d) es común y generalizado en torno a un té, un café, un cosmo o un cebiche. Da igual.
Entiendo que esta serie, como todas las demás, esté en pos de vender una cara, una imagen específica; que por ello todas las cosas accesorias que van ocurriendo alrededor... pero parece que todo el mundo tiene la necesidad de consumir el paquete completo, sino se siente una pobre mujer reprimida por sus culpas y su anorgasmia -que arrastrará hasta el fin de sus días-
Así, mirar intento tras intento de mujeres fatales en mujeres sin seguridad en su femineidad, ocasiona en un inicio la tristeza que te da cuando ves que una amiga se atora con un tipo que no la quiere, sin que una cosa tenga que ver con otra y teniendo simplemente en común la carencia de una base de conocimiento propio, de aceptación, de cariño.
No necesitamos estar en Nueva York, no necesitamos zapatos de 300 dólares ni caminar en grupos de cuatro con actitud cazadora para demostrar que somos femeninas, que nos encanta ser nosotras y que sabemos llevar nuestra personalidad y que estamos cómodas con los vaivenes de nuestra vida y nuestras relaciones. Hace falta solamente aprender cómo somos y estar contentas con ello.

Por cierto, olvidaba que precisamente mi búsqueda de la prensa en estos días se dio precisamente por la liberación de una mujer, y en vez de especiales de especiales de Betancourt, me encontré con la lista de zapatos de Carrie Bradshaw. Es que claro, el traje otorgado por la guerrilla en el secuestro, no es fashion.

1 comments:

Raulín Raulón... said...

Creo que le decía Selma Beauvoir.

Felizmente, erradiqué a las personas que me hubieran forzado a no ir con ellas al estreno; felizmente D no está más, ni sus amigos sau que coincidían en todo con Charlotte, ni sus amigas macheteras. Sólo recuerdo que salía el patita este recontra looser que alguna vez salió en uno de los primeros episodios de Los Años Maravillosos.

Volviendo al especial de Somos, ¿por qué caraxxus nadie quiere o admite ser como Charlotte (la menos "aventada")? ¿O es que "ya no se usa"? Bueno, fácil es como Paul Stanley en KISS. Apuesto que ni las más otakus de la serie la incluirían en algún fan-fic.

¿300 cocos por unas tabas? Hablamos, todavía soy macho proveedor; yo "me inhibí" o rechacé continuar varias veces por el solo hecho de que adoraba ella comprar chucherías en Dédalo. Repito, hablamos...