guardo una tarde de sol
por si hace falta
(Manolo García)
por si hace falta
(Manolo García)
A lo largo del tiempo uno se convierte en coleccionista de cosas diversas, a veces y con el vertiginoso transcurso de eventos uno opta por una galería cada vez menos material o más compleja de materializar, como coleccionar tempestades al estilo de Attilio Bertarelli, un curioso personaje de Enrique Vila-Matas que quería coleccionar las tempestades más bellas que había presenciado para poder activarlas y reproducirlas en el momento exacto que se diera la muerte.
Sin la excentricidad de un personaje como Bertarelli, y sin la complejidad del mecanismo de ingeniería que había tenido que inventar para lograr reproducir su colección, uno (y uso el impersonal para incluirme e incluir a las personas que conozco y hasta a las que creo que conozco) termina coleccionando momentos, los guarda en latas de conserva con aceite de oliva y de vez en cuando abre el repostero, saca las latitas, las sirve o las mira una por una; pero siempre saca el contenido y después tiene que volver a envasarlas en latas nuevas.
Sacar un recuerdo es reinventarlo. El recuerdo que sale de la lata no es el mismo que será envasado una vez reproducido.
Está el niño que me gustaba a los tres años, el jardín en el que estaba sentado tratando de atarse los cordones de los zapatos mientras le miraba desde la ventana. Luego el de la camiseta de rayas rojas y negras sentado en clase de inglés con Cookie Monster y una sonrojada Eva mirando sin mirar. Está una galería simpática, y mientras más recientes tienen sonido multimedia, olores, y todo lo que la tecnología permite guardar en una lata.
Dijo Magdalena que ella, tú, yo, "uno"... es, somos, eres rosa. Y tiene toda la razón.
Mientras vivía los momentos que ahora están en lata de conserva, retumbaba en mi cabeza esa frase de "es ahora cuando se están creando los recuerdos de mañana". Hoy por hoy no puedo precisar la frecuencia, pero es constante el trepar al repostero con mi abrelatas y sacar y sacar recuerdos; dejarlos dar vueltas por la casa y me quedo en un rincón viéndolos pasar, queriendo meterme a la lata con ellos.
Veo mañanas oscuras, de pereza, de café y tabaco; veo brillo solar, veo y huelo flores escogidas de acuerdo al color del día, percibo tranquilidad, esperar con ilusión. Allí están las ganas de hacer algo todos los días, la diversión, veo un reloj que lleva dos horas de retraso, veo decenas de post its en la pared color sahara a la que le da el sol que entra por la ventana donde se ve el mar, veo una subida que me mata pero me encanta, veo un perfil que quisiera ver cómo pasa sus treinta y cuarenta y cincuenta y cuenta, veo una risa que sigue mis ojos y es cómplice, veo un dedo que me mueve el cabello del ojo para saber si dejó de dolerme la espalda, veo a dos personas representando a universos paralelos solamente por diversión, veo un baile de sábado en la sala, veo una mano que me saca de la timidez, veo cientos de cosas, miles de imágenes, perfumes y el conjunto de memorias de la que mi despensa revienta. Y me veo abriendo latas de latas, a ver si encuentro esa que viene con paliativo.
Sin la excentricidad de un personaje como Bertarelli, y sin la complejidad del mecanismo de ingeniería que había tenido que inventar para lograr reproducir su colección, uno (y uso el impersonal para incluirme e incluir a las personas que conozco y hasta a las que creo que conozco) termina coleccionando momentos, los guarda en latas de conserva con aceite de oliva y de vez en cuando abre el repostero, saca las latitas, las sirve o las mira una por una; pero siempre saca el contenido y después tiene que volver a envasarlas en latas nuevas.
Sacar un recuerdo es reinventarlo. El recuerdo que sale de la lata no es el mismo que será envasado una vez reproducido.
Está el niño que me gustaba a los tres años, el jardín en el que estaba sentado tratando de atarse los cordones de los zapatos mientras le miraba desde la ventana. Luego el de la camiseta de rayas rojas y negras sentado en clase de inglés con Cookie Monster y una sonrojada Eva mirando sin mirar. Está una galería simpática, y mientras más recientes tienen sonido multimedia, olores, y todo lo que la tecnología permite guardar en una lata.
Dijo Magdalena que ella, tú, yo, "uno"... es, somos, eres rosa. Y tiene toda la razón.
Mientras vivía los momentos que ahora están en lata de conserva, retumbaba en mi cabeza esa frase de "es ahora cuando se están creando los recuerdos de mañana". Hoy por hoy no puedo precisar la frecuencia, pero es constante el trepar al repostero con mi abrelatas y sacar y sacar recuerdos; dejarlos dar vueltas por la casa y me quedo en un rincón viéndolos pasar, queriendo meterme a la lata con ellos.
Veo mañanas oscuras, de pereza, de café y tabaco; veo brillo solar, veo y huelo flores escogidas de acuerdo al color del día, percibo tranquilidad, esperar con ilusión. Allí están las ganas de hacer algo todos los días, la diversión, veo un reloj que lleva dos horas de retraso, veo decenas de post its en la pared color sahara a la que le da el sol que entra por la ventana donde se ve el mar, veo una subida que me mata pero me encanta, veo un perfil que quisiera ver cómo pasa sus treinta y cuarenta y cincuenta y cuenta, veo una risa que sigue mis ojos y es cómplice, veo un dedo que me mueve el cabello del ojo para saber si dejó de dolerme la espalda, veo a dos personas representando a universos paralelos solamente por diversión, veo un baile de sábado en la sala, veo una mano que me saca de la timidez, veo cientos de cosas, miles de imágenes, perfumes y el conjunto de memorias de la que mi despensa revienta. Y me veo abriendo latas de latas, a ver si encuentro esa que viene con paliativo.

2 comments:
Siempre pensé que las conservas eran el alimento de una persona cuando llega a un estado crónico de soledad.
Venite volando,
dale que tengo ganas de verte
y ya no puedo seguir esperando
venite volando, venite volando!
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