Muchas veces es un cliché decir "cuando te vi por primera vez, sabía que esto ocurriría". Se hace para otorgarle importancia al momento, o para reafirmar alguna posición, pero no porque realmente se supo desde un inicio. Muchas cosas devienen con el tiempo, dan pasos truculentos y se convierten en algo que está lejos del punto de partida, tanto real como imaginario.
Pero a veces vemos venir un desastre, quizás sea porque si encontramos pólvora, combustible, una botella de vidrio vacía y fósforos sobre una mesa, sabemos que existe un peligro inminente, así todos esos elementos se encuentren en estado de reposo. Así no exista la intención de ensamblar una bomba molotov. Basta un pequeño accidente, un pequeño descuido, una distracción o ponerse en automático y hacer las cosas sin pensar (eso que se dice dejarse llevar) para terminar volando por los aires hecho carnitas.
Yo lancé una molotov. Yo lancé varias. Más de uno quedó con quemaduras de tercer grado.
Estuvimos sentados en la mesa, y vi que estaban los elementos para la bomba. Advertí que había que moverlos, echar al water el combustible, dejar la botella para ser reciclada, echar la pólvora sobre la tierra, romper los palitos de fósforo. Pero no lo hice, nadie lo hizo. En la sección de quemados no todos pudieron ver lo que yo vi en ese momento. Porque hay cosas que se ganan con el tiempo, más bien con la experiencia; y esa es la base del asunto, el que ve el peligro tiene que armar el plan de contingencia y no quedarse a expectar, a ver qué pasa.
Originalmente fui buena, fui muy buena. Pero molotov tras molotov uno se convierte en terrorista. Y el terrorista sabe por anticipado el efecto que va a generar en otros. Sabe cómo atacarlos, sabe cómo volverlos locos. Sabe cómo dejar el lugar antes de que llegue la policía. Sabe poner cara de inocente en los edificios públicos. Sabe inspirar confianza.
Tiene una mirada siniestra y una sonrisa amplia. Y aprendió a vivir consigo y con sus malas artes. No tiene remordimiento y enseña a otros a fabricar más bombas y lanzarlas.
Muchas veces es un cliché decir "cuando te vi por primera vez, sabía que esto ocurriría". Muchas veces simplemente uno se acostumbra a jugar con la mente y activar comandos de fabricación en la mente propia y en la mente ajena. Muchas veces a uno le gusta observar de lejos cómo se queman y consumen las cosas, habiéndolo imaginado por anticipado.
Pero a veces vemos venir un desastre, quizás sea porque si encontramos pólvora, combustible, una botella de vidrio vacía y fósforos sobre una mesa, sabemos que existe un peligro inminente, así todos esos elementos se encuentren en estado de reposo. Así no exista la intención de ensamblar una bomba molotov. Basta un pequeño accidente, un pequeño descuido, una distracción o ponerse en automático y hacer las cosas sin pensar (eso que se dice dejarse llevar) para terminar volando por los aires hecho carnitas.
Yo lancé una molotov. Yo lancé varias. Más de uno quedó con quemaduras de tercer grado.
Estuvimos sentados en la mesa, y vi que estaban los elementos para la bomba. Advertí que había que moverlos, echar al water el combustible, dejar la botella para ser reciclada, echar la pólvora sobre la tierra, romper los palitos de fósforo. Pero no lo hice, nadie lo hizo. En la sección de quemados no todos pudieron ver lo que yo vi en ese momento. Porque hay cosas que se ganan con el tiempo, más bien con la experiencia; y esa es la base del asunto, el que ve el peligro tiene que armar el plan de contingencia y no quedarse a expectar, a ver qué pasa.
Originalmente fui buena, fui muy buena. Pero molotov tras molotov uno se convierte en terrorista. Y el terrorista sabe por anticipado el efecto que va a generar en otros. Sabe cómo atacarlos, sabe cómo volverlos locos. Sabe cómo dejar el lugar antes de que llegue la policía. Sabe poner cara de inocente en los edificios públicos. Sabe inspirar confianza.
Tiene una mirada siniestra y una sonrisa amplia. Y aprendió a vivir consigo y con sus malas artes. No tiene remordimiento y enseña a otros a fabricar más bombas y lanzarlas.
Muchas veces es un cliché decir "cuando te vi por primera vez, sabía que esto ocurriría". Muchas veces simplemente uno se acostumbra a jugar con la mente y activar comandos de fabricación en la mente propia y en la mente ajena. Muchas veces a uno le gusta observar de lejos cómo se queman y consumen las cosas, habiéndolo imaginado por anticipado.

1 comentarios:
Siempre hay un segundo, un instante en el que uno puede decidir si meter la pata o no, pero estar consciente de ese momento es algo que no sucede a menudo.
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