Thursday, March 12, 2009

Prontitud

Y como quien no quiere la cosa, pasaron los años.

Mientras uno está en esa sala de espera, se muere de ganas porque el tiempo pase insanamente pronto; piensa que todo está muy lejos, que tendrán que pasar siglos, que uno se olvidará, que la vida no continuará, que el sufrimiento (por llamarlo de alguna manera) se prolongará por un tiempo insoportablemente indefinido.

Y entonces llega el momento. Y te sientes desprevenido.

De pronto ves que estás mudando tus cosas, de pronto ves que cada uno se deshace de una parte de su pasado para hacerle un lugar al presente compartido. Y de pronto estás en reuniones de amigos que se hacen comunes, de pronto te vuelves anfitrión de la familia (ahora eres como el árbol, ya no una rama); de pronto hace falta organizarse -y muy en serio- para que las cosas marchen, para retornar las pelis, para que se aprovechen las frutas, para que la cocina esté limpia, para llevar a la gata al veterinario.

Y te das cuenta de que cada día absorbes una masiva cantidad de información, y te sientes satisfecho; y por momentos también te rayas porque hace poco tiempo no pensabas (sí pensabas, pero el cálculo no era tan preciso) que estarías en esta situación. Y te sientes con mucha suerte porque hace nada, hace poco; eras un gato vagabundo más que no esperaba ya nada por resignación o por cinismo, y ahora estás con el paquete completo.

1 comments:

Magdalena said...

Que grande suenas, qué miedo! y qué bien por ti. Vives en una caja de Ferrero Rocher con los pies en la tierra, en mi telenovela me siento jóven de pronto , jajaja. Un abrazo