Friday, May 15, 2009

La madre que te parió

De acuerdo, encontraste pareja.

No fue fácil, y una vez que las cosas están encaminadas, salvo uno que otro tropiezo la cosa va en sus rieles... hasta que se empiezan a hacer necesarias ciertas relaciones que son inevitables, el círculo de amigos, la familia. Usualmente la manzana no cae lejos del árbol, así que si te llevas bien con él, tienes un porcentaje garantizado de que te llevarás bien con el resto de la tribu. ¿No?

El día que me tocó conocer a Papá y Mamá yo tenía a mi favor el factor sorpresa: se habían enterado de mi presencia (y de mi permanencia) una semana atrás. Siendo un lugar público y una actividad específica en la que todos estaban concentrados, yo veía desde lo alto (porque mi función en el espectáculo presentado era jugar a ser el dios de las luces) la inquietud de Mamá en ver dónde estaba, qué forma humana tenía el ser que pasaba los días con su retoño.

Cuando la cosa hubo terminado, confieso que fue necesario tomar un hondo respiro antes de salir de la guarida que me cobijaba y presentarme ante P. y M. como quien acaba de hacer su entrada en escena, que era casi literalmente lo que ocurría.

Los mitos de la suegra-dragón se me cayeron al instante cuando vi su sonrisa plena y en dos segundos me apachurraba en un abrazo que hacía tiempo nadie me daba. Allí comenzó una trilogía de conversaciones que se prolongaron a lo largo de tres meses en tres ocasiones diferentes, cambiándome la historia por completo y dejándome sin elementos con los cuales alimentar esa vasta mitología de brujas y dragones.

Me cogió del brazo y me pidió que le contara la historia completa de cómo había sido, de qué había pasado, de cómo me sentía después de un periplo tan largo; luego las bromas y comentarios graciosos pero siempre con una sonrisa franca, sin malicia ni una pizca de mala onda. Al final de la noche y después de una coca cola, me dio la bienvenida a su familia con la apertura que te dan ganas de aceptar.

¿Dónde está esa mujer monstruosa que se supone debería estar celosa de que yo me acueste con su primogénito? ¿dónde está ese ser de siete cabezas que debería de buscar hasta la oportunidad mínima para probar ante el mundo que no soy lo suficientemente buena para su piliolo? ¿dónde está ese amargo ser que me mira con reprobación cada vez que contradigo o corrijo a su hijo? ¿dónde está ese mutante meterete que me da consejos de cómo llevar mi casa sin que yo le solicite ni uno? ¿cuándo podré utilizar en las discusiones "la culpa de todo la tiene tu madre"?

La madre que lo parió no me da elementos para alimentar mi imaginación, ni mi espíritu pendenciero; no estimula mi encapsulamiento y me ha convertido en una auténtica sanguijuela de su afecto. Me simpatiza mucho porque es sencillo conversar con ella, porque tiene sentido del humor, porque es simpática y no porque sea la madre que lo parió, que usualmente parece ser una maldición como eso de ser un hijo de puta. Las putas también tendrán hijos que sean buenos, ¿no?

2 comentarios:

Magdalena said...

espera q saque las garras! jajaja no, es sólo q a veces uno tiene suerte.

Eva María said...

nunca se baja la guardia, por si las moscas...

a su vez ella tiene una madre loca y socarrona... y un padre que habla hasta por los codos. ¿resultado?