Para mi el 14 de febrero es un día después del 13, uno antes del 15 y el día en que no debes salir al cine ni a cenar fuera porque todo estará lleno. Nada más, no odio la fecha, no me parece un complot de las grandes empresas ni una excusa para consumir más, no creo que San Valentín se revuelque en su tumba, tampoco que sea una fecha que se inventaron para que la gente que esté sola se sienta peor y menos que sea un día especial para los enamorados.
No entiendo a la gente que dice que no necesita el día de San Valentín porque ellos declaran su amor a diario, no lo entiendo porque a mi me da enteramente lo mismo. El no querer celebrar san Valentín es válido, odiar la fecha pero me parece exageración. 14 o no 14, me da igual, no me deprime, no me alegra, no nada. No hago planes para ese día y respeto a la gente que lo haga, que se regalen ositos de peluche, flores, chocolates, joyas, perfumes, ropa, globos, que lleven serenatas, que se vayan a un hotel, lo que los haga feliz que al fin y al cabo a todos no nos hace feliz lo mismo.
Entonces, si me da enteramente lo mismo, cómo se llama esta piedrita en el zapato, esta pestaña en el ojo, esta cosa que me dice que mi madre tiene el celular lleno de mensajes de texto y de llamadas y yo no.
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